QUIÉNES SOMOS

TIEMPOS DE CAMBIO está formado por intelectuales y líderes de los ámbitos populares e indígenas de la zona andina de Bolivia, que venciendo la marginalidad buscan la oportunidad de contribuir a la orientación de la ciudadanía en estos momentos de crisis institucional.

NUESTRAS RAZONES

En Bolivia, el país más pobre y atrasado de Sudamérica, vivimos arrastrando miseria material y moral desde la colonización española (1532-1825). La República, no ha traído los cambios esperados bajo el peso de la herencia colonial sostenida por minorías que han feudalizado los espacios del poder estatal y social, a fin de apropiarse del escaso excedente económico, penosamente generado por un sistema orientado a la redistribución de la riqueza antes que a su producción. La Bolivia del siglo XXI vive todavía en moldes culturales y de organización con resabios de la colonia feudal bien engranados con un estado intervensionista.

Situación, sostenida por la persistencia de problemas estructurales, como la manipulación del pueblo en manos de sus elites dirigentes, con degradación de su rol de soberano del sistema de gobierno. Consecuencia de sus carencias de criterios de comprensión de la realidad social y las propuestas y hechos de sus elites, donde pesa también el poco conocimiento de la cultura hegemónica. Lo mismo que el influjo de una cultura política irracional, instrumentada por las elites, que entiende el poder como medio y momento de provecho para la autoridad antes que de servicio a la comunidad. Ahí está también la falta de una real contraposición y competencia entre los actores políticos, partidos y líderes sociales que a despecho de sus ideologías suelen terminar en pactos de usufructo espurio del poder.

Al lastre contribuye también una ideología populista, de fundamentos marxistas, manejada por izquierdistas y derechistas. La misma que, dominando el escenario nacional desde hace varias décadas, sostiene la persistencia de los resabios colonialistas, a despecho de sus fines revolucionarios. O, precisamente por ellos, al postular un estado paternal y dueño de la actividad económica, cuando son el poder y la propiedad estatal los medios principales de expoliación del producto social, según muestra la tradición.

A estas alturas de la historia, la población del país ha tomado conciencia de sus indignas condiciones de vida y se ha dispuesto al cambio. Sin embargo, no está encontrando rumbo, al tener confundido su buen sentido común por la lisonja de las consignas populistas. Tal como se puede ver en un escenario de cambio constitucional plagado de superficialidad y absurdo, de alarde y menosprecio de la experiencia de la humanidad en su ruta hacia el desarrollo como de ignorancia del origen de los males del país.

Quienes están en la Asamblea Constituyente, salvo excepción, no expresan otra cosa que variantes de la misma ideología, el “nacionalismo revolucionario”, impuesto con la Revolución de 1952, que pone al estado como principal agente de la economía, motivando la distorsión oligárquica de la democracia. Ahí están, los unos, por desarrollar el modelo hacia el socialismo: ¿cubano, “socialismo del siglo XXI”, “comunitario”?. Y, los otros, por reestablecer su dominio y privilegios dentro del mismo modelo. Sin tomar en cuenta que su práctica en el país, plena desde 1952, no ha traído otra cosa que pobreza, atraso y corrupción, degradando nuestras potencialidades productivas, para persistencia de una cultura que privilegia el aprovechamiento ventajista de la producción ajena antes que el esfuerzo productivo. Donde la política y el poder están vistos como vía regia de las ambiciones de riqueza.

En el horizonte de los planteamientos de “el cambio” no se ve nada nuevo. Y, el país no tendrá más que escoger entre dos posiciones reaccionarias. Los moños indianistas indigenistas, en manos de unos y otros, no son más que adornos de afiche, aptos para manipular a nuestra gente, a la opinión pública y la cooperación extranjera.

Si algo hay distinto al pernicioso sistema actual, está en la efectiva vigencia de la democracia y el desarrollo de un sistema de economía libre. Sólo de este modo el estado boliviano podrá dejar su condición oligárquica y colonialista. Necesitamos un sistema económico que de a las personas, hoy en la marginalidad, la oportunidad de construir su destino sin el lastre de un estado omnipresente y corrupto al servicio de elites depredadoras.

De ahí que la gente de TIEMPOS DE CAMBIO esté por la democracia y la libertad, para vencer el atraso y la pobreza a fin de alcanzar la reivindicación de nuestras mayorías nacionales víctimas del colonialismo interno. Son razones de conciencia las que explican nuestros esfuerzos por entrar en el escenario ideológico, donde hoy campea la demagogia populista, sin oposición, bajo el empuje de intereses y recursos venidos de afuera, empeñados en arrastrar al país al enfrentamiento fratricida y la disgregación.

LP, abril del 2007