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Tito
Pedro Reynaga
Gregorio Iriarte persiste en la consigna
ANTECEDENTES
Bolivia ha estado bajo dominio oligárquico desde
su fundación y a cargo de los herederos biológicos de los
españoles colonialistas. Éstos, se pusieron en el lugar de sus
padres a seguir saqueando el producto social generado por
indios, mestizos y negros. Lo han hecho adoptando toda clase de
poses ideológicas: liberales, conservadores, indigenistas,
nacionalistas, izquierdistas, derechistas, cristianos,
militaristas, ateos, marxistas, neoliberales, socialdemócratas,
indianistas, trotzkistas, stalinistas, pekineses,
revolucionarios, ecologistas, etc. etc. Nunca han descuidado la
moda política ni el ponerse delante de la ola ideológica más
glamorosa del momento. Eso sí, sin descuidar su dominio
oligárquico.
Sin embargo, en casi doscientos años de historia,
el dominio oligárquico ha sufrido cambios. Se han dado cambios
significativos en la calidad étnica de la oligarquía.
Especialmente a partir de la guerra internacional con el
Paraguay (1932 - 1935) y la revolución antifeudal de 1952--.
Empezaron los blancos –el criollaje español—, luego fueron los
mestizos de filiación blanca y hoy estamos en la fase a cargo de
mestizos e indios. El pellejo oligárquico ya no es el mismo.
Pero, el sistema sí. Y, según se ve, seguirá así.
LA ECONOMÍA
La actividad económica tradicional fue minera privada, de
haciendas feudales, agropecuaria de autoconsumo, artesanal y de
comercio minorista mayormente. Desde inicios del siglo XX fueron
irrumpiendo en el escenario empresas de tipo capitalista, que
prosperaron hasta la Revolución del 1952, muchas en manos de
inmigrantes europeos, aunque las principales estuvieron en manos
de Bolivianos (Patiño y Aramayo). La revolución de 1952, saco
del escenario a las haciendas feudales, devolviendo la tierra a
nuestra gente, indígena, eliminó a las grandes empresas privadas
mineras nacionalizando las minas de estaño, dio derechos
ciudadanos plenos a las masas indígenas y puso en manos del
estado el sector de economía moderna del país. Una economía
mayormente minera y monoproductora, mientras orillaba a la
empresa privada a la marginalidad y a condiciones poco
sostenibles por la gran carga de beneficios sociales decretados
para los trabajadores.
Y así, fracasó la empresa estatal y fracasó la empresa privada,
que fue encogiéndose mientras los inversionistas trasladaban sus
capitales al exterior. Para completar el cuadro, llegó muy poca
inversión extranjera –la Gulf Oil Cómpany fue nacionalizada
(1969) como lo había sido la Standard en 1935--. En cambio
creció una economía precapitalista mercantil que fue avanzando
desde las áreas urbanas hacia el área rural, involucrando cada
vez más a nuestra población indígena, especialmente a la aymara
y quechua. Hoy cerca del 68% de la población económicamente
activa del país está ocupada o subocupada en este sector
precapitalista informal, que suelen llamar también
“cuentapropista” --es decir, gente obrera que es patrona de sí
misma--. La burguesía pesa poco lo mismo que la clase obrera.
Gravitan mucho más los grupos oligárquicos –los que tienen por
negocio el usufructo del poder y los recursos estatales, hoy por
vía de la corrupción--, los campesinos –que son mayormente
indígenas— y los “cuentapropistas”. Los bolivianos vivimos lo
que se ha llamado un modelo de economía “nacionalista y
Revolucionaria”, fuertemente protagonizado por el estado.
Condición que no ha cambiado significativamente con los
distintos regímenes, manteniéndose así con derechistas,
izquierdistas, civiles, militares y hasta neoliberales.
Durante toda esta etapa, la economía del país ha sido víctima de
saqueo en manos de sus propios gobernantes, que vuelcan los
recursos mal obtenidos hacia el consumo suntuoso, la fuga de
capitales y en alguna medida a la actividad empresarial. Con la
Revolución de 1952, el país logra conectar, por vía caminera,
las zonas de los llanos del oriente con las zonas tradicionales,
lo que da lugar a un significativo proceso de desarrollo en los
llanos, mayormente agropecuario. Las tierras adquieren creciente
valor y son objeto de acaparamiento por y para beneficio de la
oligarquía, en el ejercicio del poder. Problema con fuerte
impacto económico, político y hasta cultural. Del que el texto
que comento da amplia cuenta, aunque no podría dar fe de su
veracidad.
LA POLÍTICA
La actividad política en Bolivia ha sido y está protagonizada
por los grupos oligárquicos –entre los cuales, desde hace 30
años atrás empiezan a pesar los de los llanos orientales—,
civiles y militares, mayormente de derecha pero también de
izquierda. Del 52 para adelante los obreros van perdiendo peso,
por el empequeñecimiento de la industria privada, mientras crece
la gravitación campesina e indígena, lo mismo que el influjo de
la clase media y la burocracia pública.
La Guerra Fría determina mucho del sentido de las luchas
políticas y sus resultados, con los EE. UU. en posición
preeminente, apoyando a gobernantes militares principalmente.
Aún así, las fracciones de izquierda llegan al poder, con sus
partidos más extremos (1970 - 1971, de 1982 a 1985 y ahora).
Aunque la presencia de la izquierda marxista ha tenido siempre
un lugar notable desde los años posteriores a la Guerra del
Chaco. Tanto por preeminencia ideológica como por sus cuadros
dirigentes insertados en los diversos gobiernos de la época,
incluidos los de derecha.
En los llanos del oriente boliviano la presencia indígena ha
sido pequeña, hasta la fuerte migración indígena desde las zonas
de occidente, en los últimos 25 años. Entonces, la población
criolla, en esta región, ha desarrollado un sentido de
diferenciación con el resto del país. Dando lugar, incluso, a
una corriente separatista desde ya hace varias décadas. La misma
que hoy se ve motivada, y fortalecida, por la política
socializante del régimen de Evo Morales.
ENCARANDO LOS PROBLEMAS DEL DOMINIO OLIGÁRQUICO
La información que nos traes parece aceptable. Y, da razón al
análisis que he expuesto. Más en cuanto a los grupos
oligárquicos que en cuanto a la presencia de las empresas
transnacionales, cuya gravitación ha sido y es mínima. No se del
peso de los EE.UU. en la actual política boliviana, pero me
llama la atención que el Departamento de Estado haya comentado
que ve bien el proyecto de constitución política del estado
aprobada por la gente del gobierno, dicen que la que ven
“democrática”. Y vuelvo a decir, oligarquía no es lo mismo que
burguesía, aquellos se enriquecen saqueando los recursos
públicos y estos de la explotación de sus industrias. Aunque con
seguridad no son pocos los que cabalgan en ambos espacios.
Con todo lo que he descrito debería quedar claro que el sistema
económico boliviano no es capitalista. Que esta condición tiene
más bien una condición marginal, como práctica y cultura. Las
leyes en Bolivia tienen una significativa condición marginal, la
realidad suele correr por otros rumbos, más tradicionales.
Los problemas del dominio oligárquico pueden muy bien ser
enfrentados en el marco de la Constitución Política del Estado
vigente (la de 1967, modificada substancialmente). En el marco
de la democracia. Las leyes actuales condenan el latifundio y el
acaparamiento de tierras, como el uso servil de la mano de obra
–que todavía existe en algunas zonas del oriente y el chaco
boliviano--. Existe un Instituto de Reforma Agraria, como
autoridad máxima sobre las tierras, que tiene en su directorio
representantes campesinos e indígenas, y al Presidente mismo.
Desde el 2002, el Parlamento tiene una fuerte presencia
indígena. Y, hoy un Presidente indígena.
Existe un poder constituido y respaldado por masas populares
organizadas. Un amplio poder, que no se está usando
suficientemente para reestablecer derechos y justicia, castigar
a los infractores de la ley, a los acaparadores de tierras a los
saqueadores del patrimonio nacional, a la corrupción en la
administración del estado, etc. –todos, oficios oligárquicos que
hoy se están haciendo populares--. Antes, y por el contrario,
esta capacidad política está siendo volcada a los afanes de la
“revolución socialista” –la del “socialismo del siglo XXI,
inspirado por gente como Heinz Dietterich y sostenido
financieramente por Chávez--. Ese es el problema del gobierno de
Evo Morales, y el que lo está llevando al desgaste y el fracaso.
Aquí la oposición no cuenta significativamente, confundida,
desordenada carente de líderes hoy sólo atina a defenderse dando
manotazos de ciego.
MÁS DE LO MISMO
Ni el dominio oligárquico, ni el saqueo del producto social y el
patrimonio del estado, ni la expoliación de la mano de obra, ni
el racismo compaginan con la democracia y nuestras leyes
actuales, como no concuerdan con una economía libre asentada en
la competencia. Y, por el contrario, éstos son problemas que si
pueden convivir y conviven –lo muestra nuestra experiencia de
más de medio siglo— con la economía estatizada y una democracia
distorsionada por la concentración del poder en un solo partido
y un único líder, que junta en su persona los tres poderes
republicanos (legislativo, judicial y ejecutivo).
Evo Morales está echando por el suelo una oportunidad excelente
para frenar a la oligarquía y encaminar al país hacia la
consolidación de la democracia y el desarrollo económico. Su
populismo no es distinto del que es habitual en Bolivia –Sanchez
de Lozada, el neoliberal, inició la última fase de políticas
populistas desde el gobierno, el Bono Dignidad para ancianos de
Morales, reemplaza el Bono Sol del otro--. Y, lo está haciendo
persiguiendo un absurdo, un proyecto de cambio insostenible y
reaccionario. Aunque de seguro, que en el camino, hasta que
llegue la hora del fracaso, los masistas estarán cumpliendo el
viejo rol del saqueo del producto social para su propio
provecho. Esto es, que se renovará la oligarquía, y se mantendrá
el viejo sistema heredado de la Colonia.
DIABLO PARA QUIÉN TRABAJAS
Pero esta vez, por la naturaleza totalitaria de las intenciones
del régimen y sus métodos de manipulación de las leyes, y la
maña y la arbitrariedad como recursos preferidos para imponerse,
combinadas con la violencia desatada por grupos de choque del
gobierno y la policía, y más aún, por la prédica gubernamental
del racismo contra los no indígenas, el proyecto político que
lidera Evo Morales está llevando agua al molino de la oligarquía
y los separatistas. Los que confundiéndose con las fuerzas
democráticas tienen ahora dominio sobre masas populares,
espantadas por la perspectiva de vivir bajo un régimen como el
de Cuba.
Así como el embajador norteamericano Rocha, resultó en la
práctica el mejor aliado de Evo Morales (el 2002), al advertirle
a la ciudadanía boliviana la inconveniencia de elegirlo –cosa
que públicamente agradeció Morales, no sin ironía--, esta vez el
favor va de Evo Morales para la vieja oligarquía, los
separatistas y el sistema. Al punto de que si logra permanecer
en el cargo como piensa, terminará por renovar el sistema con
nuevos contingente oligárquicos. Mientras que empujará a los del
llano a tener un nuevo país que asaltar.
Como ves, las cosas no encajan en la tradicional y esquemática
forma de ver de la vieja izquierda. Lo que no es razón para
desmerecer su credibilidad.
LOS CIEN CLANES OLIGÁRQUICOS
Los nombres, negocios, objetivos, armas y apoyos de los grupos
que conspiran para tirar abajo al "indio presidente"La rebelión
de los 100 clanes econoticiasbolivia. Dueños de vidas y
haciendas, cerca de 100 poderosos clanes familiares, que además
controlan la agroindustria, el comercio exterior, la banca y los
grandes medios de comunicación, dirigen desde el oriente y los
valles de Bolivia la rebelión oligárquica contra el presidente
indígena Evo Morales.
Los clanes familiares ya se han apoderado de las tierras más
fértiles de Bolivia y han levantando gigantescos latifundios,
sobre los que han edificado un creciente poder económico y
político, manejando a su antojo las principales organizaciones
empresariales, cívicas e
incluso populares de las regiones orientales y del sur del país
(Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija), desde donde conspiran para
echar abajo al "indio presidente" e intentan armar su propio
Estado, con su Parlamento y Policía propia y con el control
absoluto sobre la
tierras, los impuestos, la educación y los impuestos (ver "La
oligarquía arma su propio Estado").
Según un informe del Programa de Naciones Unidas para el
Desarrollo (PNUD), conocido por Econoticiasbolivia, este
centenar de familias tiene en sus manos 25 millones de
hectáreas, cinco veces más que dos millones de campesinos que
trabajan en otras cinco millones de
hectáreas y que subsisten a duras penas en los minifundios,
degradados por la sobreexplotación agrícola y la baja
productividad.
LOS DUEÑOS DE SANTA CRUZ
Su poder es enorme, especialmente en Santa Cruz, la región más
próspera de Bolivia y donde se concentran las tierras más
fértiles, los bosques y enormes yacimientos de gas, petróleo,
minerales y biodiversidad. Allí, en el epicentro de la conjura
secesionista, que tiene fuertes rasgos de racismo en contra de
los altiplánicos y al amparo de bandas fascistas, los clanes
familiares controlan la tierra, los negocios urbanos y el poder
político (la prefectura y el
comité cívico responden a su mandato). Allí, según los datos del
Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA), tan sólo 15
acaudaladas familias disponen de medio millón de hectáreas de
tierras fértiles y cercanas a los mercados, que equivalen, en
superficie, a 25 veces el tamaño de toda la ciudad de Santa Cruz
de la Sierra, que es de 20 mil hectáreas y en las que
viven un millón de personas.
Allí están los clanes de los Saavedra Buno, Monasterio Nieme,
Justiniano Ruiz, Roig Pacheco, Rapp Martínez, Antelo Urdininea,
Keller Ramos, Candia Mejía, Castro Villazón, Ovando, Fracaro,
Sánchez Peña, Nielsen, Bauer y Elsner.
La familia Monasterios, por ejemplo, controla una superficie de
tierras tres veces mayor a la ciudad de Santa Cruz. Mucha de
esta tierra le fue entregada en calidad de dotación
(gratuitamente) por los gobiernos militares y neoliberales, en
un abierto tráfico de influencias, según la explicación del INRA
y del Viceministerio de Tierras.
Otros que acumulan las tierras son los Gutiérrez (96 mil
hectáreas), Paz Hurtado (76 mil), Gasser Bowles (72 mil). Los
datos oficiales remitidos a Econoticiasbolivia apuntan que tan
sólo los clanes de los Guiteras, Monasterios, Leigue, Yañez,
Majluf, Antelo, Asbún y Salas
Abularach se han apoderado de 3,1 millones de hectáreas en Santa
Cruz y Beni.
En promedio, en Bolivia, una familia de terratenientes detenta
un cuarto de millón de hectáreas (250 mil) de tierra fértil, en
tanto que una familia campesina apenas posee una hectárea con
poca capacidad productiva.
AMOS DE LA TIERRA Y DE LA VIDA
Entre estos grandes potentados también está el clan de los
Marinkovic, que poseen, sin papeles legales, más de 26 mil
hectáreas en la región oriental, seis mil hectáreas más que toda
la superficie de la capital cruceña. Según el director del INRA,
Cliver Rocha, la familia Marinkovic no posee los títulos de
propiedad sobre las tierras que reclama como si fueran suyas,
siendo ilegal su intención de alambrar 14 mil hectáreas del
pueblo de los guarayos.
El clan croata de los Marinkovic ha colocado a uno de ellos, a
Branco, a la cabeza del Comité Cívico de Santa Cruz, y es, junto
al prefecto (gobernador) Rubén Costas (otro racista millonario
ganadero y latifundista) , la cabeza visible del movimiento
secesionista y conspirador.
Todos estos clanes familiares se han apoderado de las zonas más
fértiles y son, literalmente, dueños de tierras, ríos, bosques,
haciendas y vidas en el oriente boliviano, a pesar de los
tímidos reparos de las autoridades gubernamentales. "Los ríos,
lagunas y caminos son servicios públicos, son del Estado, y por
tanto no son susceptibles de apropiación privada", dice Rocha, a
modo de reclamo.
EL EJE DE LA OLIGARQUÍA
El poder de los 100 clanes, que emerge desde la tierra, se ha
desarrollado en los últimos años con el creciente control y
dominio que ejercen en el conjunto de la agropecuaria
exportadora, la
industria, la explotación sin límite de la riqueza forestal, el
comercio exportador, la banca y los grandes medios de
comunicación.
Los Marinkovic, por ejemplo, junto al clan de los Cronembol y
dos transnacionales, una peruana y otra norteamericana,
controlan toda la industria del aceite de soya y girasol, uno de
los ejes del agropoder oriental. Poseen, además, casi la quinta
parte de las acciones del
Banco Económico, según los datos de la Superintendencia de
Pensiones, Valores y Seguros, además de otros lucrativos
negocios.
La ganadería cruceña está en manos de los Kuljis, Áñez y
Monasterios, tanto por la magnitud de sus hatos ganaderos como
por el control que ejercen sobre los mataderos, frigoríficos y
cadenas de supermercados. Todos ellos ligados a los gobiernos
neoliberales.
Los Kuljis son accionistas del Banco Económico, propietarios de
la papelera Empacar y de una gran curtiembre, dueños de la
cadena televisiva red Uno y de la Universidad cruceña Mateo
Kuljis. Los Monasterios son dueños de grandes frigoríficos,
accionistas mayores del Banco Ganadero y propietarios de la red
televisiva Unitel, desde donde dirigen el mayor ataque mediático
contra Morales. Los datos del INRA, muestran que la familia
Monasterio poseía en
Santa Cruz 78.340 hectáreas en el departamento, y en la capital
tenía otras 20.505 hectáreas.
Otros que tienen gran peso en la banca son los Saavedra Bruno,
que controlan casi la quinta parte de las acciones del Banco
Nacional de Bolivia, el más antiguo del país. Los informes de la
Superintendencia de Bancos confirman el enorme peso que tienen
los latifundistas en el paquete accionario de los bancos
nacionales y muestran, además, que usan estos mecanismos para
potenciar sus negocios y consolidar su poder. No extraña, por
ello, que más de la mitad de los créditos otorgados por toda la
banca hayan sido destinados a pequeños grupos empresariales de
Santa Cruz y menos de la mitad a los otros ocho departamentos
del país.
ENLAZADOS AL CAPITAL TRANSNACIONAL
Todos estos clanes están fuertemente penetrados por el capital
transnacional, no sólo por el origen de muchos de ellos que
provienen de descendientes de inmigrantes europeos (alemanes,
croatas y serbios), sino también por sus articulaciones con
empresas
extranjeras.
No es extraño, por ello, que un tercio de la producción y
exportación de soya y oleaginosas esté bajo el control de
empresarios brasileños, varios de los cuales alquilan y/o
compran tierras a los latifundistas nacionales. Otro tercio de
la producción y exportación de tierras está bajo el control de
empresarios argentinos y rusos y de pequeños productores
menonitas y japoneses.
DUEÑOS Y SEÑORES DEL BENI
Más al norte, en las ubérrimas llanuras del departamento del
Beni, la situación no es diferente. Allí es el reino de los
clanes de los Guiteras, Llapiz, Sattori, Bruckner, Quaino,
Dellien, Avila, Nacif, Antelo, Salek. Allí, 10 familias tienen
un poco más de medio millón de hectáreas (534 mil), que es, en
extensión, 500 veces más grande que toda la ciudad de Trinidad,
la capital beniana.
Allí, como en Santa Cruz y Pando, una vaca vale más que una
familia campesina. Allí, el poder político y económico se
reparte entre padres, hermanos e hijos. Unos son autoridades
regionales, otros diputados y concejales, otros son jefes
militares y dueños de
empresas.
Allí también imperan los Gasser, Elsner, Carruty y los Bauer
Elsner. Todos ellos, que provienen de familias europeas, son los
dueños de los principales negocios, accionistas de la banca y
manejan a su antojo los cargos públicos, la justicia, la prensa
y la administración pública. No es casual, por ello, que el
prefecto (gobernador) sea uno de ellos: Ernesto Suárez Sattori,
un ganadero latifundista y ex parlamentario de la fascista ADN
(Acción Democrática Nacionalista del ex dictador Hugo Banzer).
LOS AMOS DE PANDO
Más al norte, en Pando, es el reino de los Sonnenschein, Hecker,
Becerra Roca, Vaca Roca, Peñaranda, Barbery Paz, Claure,
Villavicencio Amuruz, que gobiernan de la misma forma que sus
pares de Santa Cruz y Beni. Estas ocho familias concentran cerca
de un millón de hectáreas de tierras fértiles, que equivalen a
dos mil veces la extensión de la capital Cobija, donde gobierna
con ellos otro millonario ganadero, el ultraderechista Leopoldo
Fernández.
El gobernador Fernández es uno de los amos y señores de Pando y
su influencia es tal que incluso el propio Morales le ofreció,
hace un año y medio, que sea candidato por su partido, el
Movimiento al Socialismo (MAS), para gobernar la rica región
fronteriza con Brasil. Fernández lo rechazó, él no quiere nada
con los indios.
CLANES RACISTAS
Estos clanes son visceralmente racistas y están convencidos de
que los campesinos, a los que explotan como en los tiempos del
feudalismo, valen menos que sus vacas, por lo que no conciben
que uno de ellos sea el actual presidente de Bolivia. Estos
grupos oligárquicos han estado, desde siempre, imbricados con el
poder político. Han cogobernado con las dictaduras militares y
han lucrado al máximo con los regímenes neoliberales
democráticos y saben, muy bien, conservar sus privilegios.
Por ello, tras estar arrinconados parcial y temporalmente desde
octubre del 2003, cuando una insurrección popular derrocara al
ex presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, al que respaldaron
hasta último momento, los latifundistas comenzaron a recobrar el
poder político regional, mediante la abierta confrontación con
el titubeante y conciliador régimen indigenista de Morales, que
busca, en el fondo, que las rancias élites de oligarcas
compartan el poder con las emergentes élites indígenas (ver
García Linera: Las élites comparten el poder).
CON EL CONTROL DE LAS MASAS
Con gran perspicacia, la oligarquía se ha aprovechado en los dos
últimos años de los genuinos y legítimos deseos de la población
por mejorar sus condiciones de vida y ha levantado las banderas
de la autonomía y en contra del centralismo. Al pueblo le dicen
y le convencen de que ahora, con la autonomía, los recursos
económicos de la región ya no se irán lejos y servirán para dar
empleo, pan y progreso a todos los cruceños. Este discurso caló
hondo en la población civil y las organizaciones cívicas y
populares, dada la ambivalente posición de Morales sobre las
autonomías y el reciente recorte de recursos que hace a la
región (les resta anualmente casi 200 millones de dólares del
impuesto de hidrocarburos para pagar un bono para los más
ancianos. Hasta el 2007 este beneficio lo pagaba el Estado y la
petrolera estatal).
En este proceso, la oligarquía también ha exacerbado al máximo
el racismo y los sentimientos más bajos del regionalismo y de
menosprecio hacia los altiplánicos, que siempre han estado
latentes en las regiones del oriente y sur del país. No es
casual, por ello, que los clanes controlen y dirijan a las
masas, metan palo y amedrenten a los opositores con sus bandas
fascistas (ver: En Santa Cruz reina el fascismo) y aprovechen al
máximo los errores del presidente Morales, que poco o nada hace
para abrir una brecha entre los clanes y las masas empobrecidas
a las que explotan y utilizan en beneficio propio.
LA DEFECCIÓN DE
MORALES
Atrapado por su política conciliadora y de respeto a la
propiedad privada, Morales no apunta a quebrar el poder
económico de los latifundistas, no va a expropiar la tierra de
los latifundistas ni a redistribuirla entre los campesinos y
pequeños productores urbanos. Tampoco se orienta a quebrar la
extrema explotación de la fuerza de trabajo que hace el gran
capital. No quiere, por ejemplo, triplicar el salario mínimo a
1.800 bolivianos (el previsto para el 2008 es de apenas 577
bolivianos), tal como prometió en las elecciones del 2005 y con
el que podría dejar a la oligarquía sin respaldo obrero y de
gran parte de las clases medias. El gobierno tampoco ofrece
acciones concretas para apoyar a los trabajadores del oriente en
su lucha contra el capital (legislación laboral protectiva,
prohibición de despidos, control sobre los empresarios, control
de precios, etc).
En rigor, los dos años del gobierno de Morales no han
significado un cambio positivo para los más pobres del oriente.
Los pobres siguen igual o peor que antes, y Evo no les ofrece
nada tangible: ni tierra ni salarios, no pone freno a la
explotación laboral en el agro y menos en las ciudades y no
contribuye a quebrar la hegemonía política e ideológica que
tienen los clanes familiares sobre la población del oriente y
los valles de Bolivia.
CONTROL SOBRE LAS TIERRAS
Por ahora, los clanes usan el respaldo de las organizaciones
sociales, cívicas, empresariales e incluso sindicales para
defender sus privilegios y organizan a los más pobres para
enfrentar al gobierno indígena de Morales y su nueva propuesta
de Constitución Política del Estado.
Esta nueva norma, que debe ser sometida a un referéndum
nacional en el 2008 para tener validez jurídica, plantea la
posibilidad de restringir la propiedad individual de la tierra a
un máximo de 5 mil o 10 mil hectáreas (equivalentes a la cuarta
parte o la mitad de la extensión de la ciudad de Santa Cruz que
tiene 20 mil hectáreas).
Esta restricción lastima los intereses de los latifundistas y
los obligaría, en caso de aprobarse, a redistribuir sus
haciendas entre los miembros del clan familiar, tal como lo
hacen desde los últimos años (las propiedades se subdividen a
nombre de los hijos, hermanos, primos y otros familiares) para
burlar la ley y evitar la denuncia pública de acaparamiento.
FRENO A LA INDIADA
El propósito principal de la oligarquía es retomar el poder
político en la región y tomar el control total sobre la tierra,
además de frenar a Morales y a la indiada, que a pesar de la
promesas de Evo, quiere y pugna por eliminar a los latifundistas
para acceder por fin a la tierra y a las posibilidades de una
mejor vida para sus familias.Con tres millones y medio de
campesinos pobres sedientos de tierra y justicia, la posibilidad
de una radical reforma agraria está más latente que nunca. El
pasado 10 de septiembre del 2007, por ejemplo, la denominada
"Cumbre de organizaciones sociales de pueblos y naciones
indígenas originarias campesinas y organizaciones populares de
las ciudades", con masiva presencia de dirigentes del MAS,
aprobó una declaración que en su punto 9 establece la necesidad
urgente de "expropiación sin indemnización del latifundio y su
distribución inmediata entre productores y del campo y la ciudad
que estén dispuestos hacerla producir en beneficio de la
sociedad".
DOBLE PODER
Hasta ahora, la oligarquía ha logrado gran parte de sus
objetivos. Ejerce, en los hechos, el poder político y gobierna
cuatro de las nueve regiones de Bolivia (Santa Cruz, Beni, Pando
y Tarija, donde arrincona y persigue a palo a los disidentes),
avanza en su propósito de moderar al máximo la tímida propuesta
de Constitución de Morales e intenta legalizar, aunque sea
parcialmente, sus estatutos autonomistas. Este lunes, en el
inicio de un diálogo nacional con Morales ha logrado la doble
promesa presidencial para que el Estado devuelva parcialmente
los recursos a las regiones (200 millones de dólares) y para que
se articule la nueva Constitución con los reclamos de autonomía
regional.
Al interior de la oligarquía son visibles dos tendencias. Una,
encarnada en el prefecto Rubén Costas y los clanes vinculados a
los sectores productivos de la agroindustria, el comercio y la
banca, que creen que deben seguir presionando a Morales para
lograr un "gran acuerdo nacional" que preserve la vigencia de
dos gobiernos en Bolivia, el de ellos en el oriente y el sur y
el de Morales en el altiplano (ver En Bolivia hay dos
gobiernos). La otra tendencia, representada por los clanes que
mantienen para el engorde y la especulación inmensos latifundios
improductivos y que tienen tierras sin sanear, y en la que se
inscriben los Marinkovic, con fuerte peso en el Comité Cívico de
Santa Cruz, son partidarios de avanzar con más fuerza hacia una
autonomía más radical y con mayor confrontación con el poder
central. Unos quieren consolidar lo que hoy ya han conquistado,
los otros pretenden aún más.
EL ROL DE LA EMBAJADA
Unos como otros aguardan, sin embargo, los resultados del
diálogo que los prefectos iniciaron con Morales y esperan nuevas
señales de las diplomacias de Brasil, Argentina y Estados
Unidos, que son vitales para ver hasta dónde avanzan en sus
propósitos de construir su propio Estado al interior de Bolivia.
Según ha denunciado el gobierno, la Embajada de Estados Unidos
es la que promueve y financia los intentos separatistas de la
oligarquía. Las estrechas relaciones del embajador
estadounidense Philip Goldberg con Costas y Marinkovic, y el
financiamiento de la agencia norteamericana de cooperación Usaid
a los políticos derechistas de oposición son prueba de ello y
marcan la evolución de la política de Washington con relación al
presidente Morales.
Hasta el 2002, el dirigente cocalero Evo Morales era
considerado como el enemigo número uno de Washington. En ese
entonces, el embajador Manuel Rocha amenazaba abiertamente a los
bolivianos con suspender la ayuda económica y cortar relaciones
diplomáticas si éstos se animaban a votar por Evo, al que
consideraban ligado al narcotráfico. Sin embargo, en el periodo
2003 – 2005, cuando el levantisco pueblo boliviano derribó a dos
gobiernos neoliberales (Gonzalo Sánchez de Lozada y Carlos Mesa)
y amenazó con expulsar a las transnacionales petroleras y
mineras que saqueaban Bolivia, nacionalizando el gas, las minas
y las tierras, Washington revalorizó el papel de Morales y
decidió, aunque de mala gana, convivir con él, más aún cuando
éste ganó las elecciones de fines del 2005 con el 54 por ciento
de los votos. Ya en el poder, Morales atemperó los ánimos
populares sobre la expulsión de las transnacionales y logró
nuevos acuerdos con las petroleras, legalizando sus contratos y
garantizando sus propiedades, sus inversiones y ganancias.
Otorgó también amplias garantías para la propiedad y la
inversión privada que cumplan con las normas y leyes.
Todo ello agrada a Washington, aunque no es suficiente para
anular el creciente apoyo estadounidense a la causa de la
oposición oligárquica. El alineamiento de Morales con los
regímenes de Cuba y Venezuela, su tolerancia al cultivo limitado
de coca, su permanente y estridente retórica antiimperialista y
la amenaza de que los sectores radicales de indígenas y
trabajadores desborden al presidente indígena (Ver: Mineros en
pie de combate) hacen que la Embajada no confíe en Evo y busque,
por el contrario, limitar su poder al altiplano, tal como
actualmente ocurre.
La administración Bush fogonea contra Morales y ha enviado a su
mayor experto en el separatismo como Philip Goldberg, que ya
trabajó entre 1994 y 1996 como asistente especial del embajador
Richard Holbrooke, uno de los estrategas de la desintegració n
de Yugoslavia y de la caída en 2000 del presidente Slobodan
Milosevic. Goldberg promovió la separación de Serbia y
Montenegro y también estuvo en Kosovo, generando conflictos
entre serbios y albaneses. Ahora está en los andes bolivianos,
alentando la rebelión de los 100 clanes.
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